Mi historia

Mi historia con la artesanía comenzó mucho antes de que pudiera comprenderlo. Tenía seis años y me sentaba en un pequeño banquito al lado de mi abuela mientras ella tejía. Yo la miraba fascinada, como miran las niñas cuando descubren que de unas manos pueden nacer cosas hermosas. Le pedí que me enseñara, y así aprendí a hacer crochet y a tricotar, puntada a puntada, sin saber que estaba aprendiendo algo que me acompañaría toda la vida.

Todavía conservo algunas de las colchas maravillosas que ella tejió. Cuando las miro, no veo solo hilo y paciencia; veo tardes de silencio compartido, el sonido suave de las agujas, el tacto de la lana y la sensación de estar a salvo. Aquellos momentos de paz quedaron grabados en mí como una memoria que habita el cuerpo.

A lo largo de los años seguí explorando distintas técnicas artesanales y me formé como arteterapeuta y coach, convencida de que crear no es solo producir objetos, sino abrir espacios internos, ordenar emociones y sostener procesos.

Hubo un momento decisivo en mi vida en el que todo se detuvo. Tras atravesar una etapa oscura y desafiante, comprendí, desde lo más profundo, el poder real de aquello que había aprendido de niña. Volver a las manos, al ritmo del hilo deslizándose entre los dedos, al contacto directo con la materia, fue un acto de regreso. Volver al cuerpo fue empezar a volver a mí. Y volver a sentirme fue empezar a reencontrarme.

De esa experiencia nació Mandira Studio, mi primer estudio artesanal en Mendaro (guipuzcoa). Tras cinco años llegó el momento de abrir las puertas de un segundo espacio de creación en Eibar, mi ciudad natal. Un espacio donde imparto clases, comparto técnicas y acompaño procesos de creación que van más allá de lo estético: un lugar para reconectar con la calma, con el cuerpo y con tu propia creatividad.

Hoy, en cada curso, mi intención es ofrecer un espacio donde puedas detenerte, respirar, sentir tus manos y descubrir la serenidad que surge al crear de manera consciente. Porque a veces, una hebra de hilo puede ser también el inicio de un regreso a casa.

Mandira Studio nace del deseo de compartir la pasión por la creatividad y de ofrecer un espacio donde reconectar contigo misma a través del gesto pausado y consciente de crear con las manos.